LIEN DE L'ARTICLE

 

 

Es uno de los mejores tenistas de la historia, un mito que, lejos de pensar en el adiós, mantiene la ilusión y la tensión competitiva. Esta vez, el Open no ha podido ser, pero siempre será nuestro eterno ganador.

 

PUNTO DE BREAK

Son fenómenos infrecuentes, de esos que se dan cada mucho tiempo, una carambola tan inusual como el paso del cometa Halley. Al estilo de Michael Jordan, Usain Bolt y Nadia Comăneci, pocos deportistas rebasan la perfección de la modalidad para la que estaban predestinados y se perpetúan en la cima. Catapultados por una actitud volcánica y un cerebro frío que potencia los recursos anatómicos, culminan en modelos insuperables que transforman en arte la competición deportiva. Como Rafael Nadal, que nació en Manacor en 1986 para jugar al tenis como nadie. Aunque él no disputa cada partido con la raqueta: lo hace con el corazón, las entrañas y una ejecución sobrenatural. Hoy, con 14 torneos del Grand Slam en el currículum y después de haber sido el número uno del mundo durante 141 semanas seguidas –actualmente ocupa el noveno puesto del ranking ATP–, está listo para asaltar 2017 con su drive imbatible y el apetito voraz de siempre. Ya no piensa sólo en el presente; también, en todas esas cosas de fuera del circuito profesional que le ayudan a ser feliz: los proyectos solidarios de su fundación, la reciente apertura de su academia de tenis en Mallorca (la Rafa Nadal Academy), su papel como embajador de la sastrería Tailored y de la ropa interior Underwear, ambas de Tommy Hilfiger... Precisamente, lleva un traje impecable de la línea THFLEX Rafael Nadal Edition, firmada por el creador norteamericano y de la que también es imagen. La conversación arranca alrededor de una de sus canciones preferidas, Vuela alto, de Julio Iglesias, con una letra que parece escrita a la medida de su personalidad, su brillante carrera y sus resultados.

 

«Llegar a la meta cuesta, te cuesta tanto llegar, y, cuando ya estás en ella, mantenerte cuesta más. Procura no descuidarte ni mirar hacia detrás o todo lo conseguido te lo vuelven a quitar». ¿Te ves reflejado en la estrofa?

Me gustan mucho Julio Iglesias y esa canción. Dice cosas interesantes, tiene un buen significado. Es cierto que, con los años, uno pierde un poco de intensidad. Por eso es importante entrenar la fuerza mental. Para convencerse de que las cosas siempre pueden ir mejor de lo que van.

¿Cuál ha sido la victoria más importante de tu vida?

El éxito no es la victoria, sino lo que has peleado por ganar. La certeza de que has hecho lo que estaba en tu mano para conseguir lo que querías. Esa sensación me hace feliz.

Desde niño, te entrenas con tu tío Toni, y su método parece basarse en un único mandamiento: trabajar.

Aparte de eso, se trata de no creerse especial ni concederle un minuto a la autocomplacencia. De ser capaz, por ejemplo, en plena lesión, de llegar a la cancha con muletas y pelotear sentado en una silla. ¿Para qué? Para mantener la cabeza ocupada, el cuerpo en tensión y la voluntad entrenada.

 

 

 

Terminaste la temporada 2014 a trompicones, en 2015 te atascaste y en 2016 las aguas volvieron a su cauce. ¿De dónde nace tu fuerza para superar los momentos adversos?

De la ilusión por competir. Los momentos malos sirven para comprender que lo que quieres es volver a luchar y estar arriba. En el deporte, la derrota es una compañera de viaje inseparable. Siempre se encuentra ahí. Tienes que estar preparado mentalmente, saber aceptar las dificultades.

Lo que haces más allá de la pista también es parte de tu vida y de tu trabajo, como el vínculo que tienes con Tommy Hilfiger.

Para mí es una satisfacción colaborar con esta marca. Me apetece conocer diferentes cosas y aprender. Y, gracias a Tommy, sé más de moda. Somos amigos desde hace una década –lo conocí en 2006 en Montecarlo–: es un apasionado del tenis.

Eres imagen de su línea de sastrería y, tras aquel strip match en Nueva York, también de su ropa interior. ¿Es más fácil posar con traje o en calzoncillos?

Nunca llegué a quitarme toda la ropa en ese partido (risas). De pequeño era muy tímido; ahora lo soy menos. Desde hace años convivo con mucha gente, y eso ayuda a que la timidez desaparezca. En el fondo, es lo mismo: no me cuesta más posar sin ropa que con ella.

Atrás han quedado los colores fluorescentes y los pantalones pirata blancos. ¿Cómo es ahora tu estilo de vestir?

Me gusta especialmente lo clásico, incluso cuando voy de sport. Si llevo traje, busco la simplicidad y la comodidad.

Tienes carrera por delante, te quedan finales en las que competir, títulos que celebrar y trofeos que morder. ¿Cómo ves tu futuro inmediato?

Sé que ha habido épocas malas. Las habrá buenas de nuevo. Y volverán otras peores. Seguro. Lo importante es mantener la tranquilidad. Saber que uno está haciendo lo imposible por competir y ganar. Y, a partir de ahí, conservar la ilusión y la motivación. No ser mejor que los demás, sino mejor de lo que yo soy hoy. El día que sienta que ya no puedo conseguir ese algo que realmente me motiva, quizá haya llegado el momento de dar un paso adelante y buscar otra cosa. Pero, si te soy sincero, no creo que ese día esté tan próximo como para planteármelo.

Tu lugar en la historia ya está asegurado. ¿Encontraremos un heredero en tu academia, la Rafa Nadal Academy?

Es un proyecto muy querido que por fin ha visto la luz. Vamos a formar a los jóvenes, sacar lo mejor de ellos en el plano técnico y mejorar su personalidad. Aunque lo más importante es que salgan preparados para la vida. Queremos transmitirles los valores que pueden necesitar tanto si llegan a ser deportistas profesionales como si no.

¿Y cuáles son?

Respeto, educación, pasión, honradez, esfuerzo, espíritu de superación, humildad, amistad, disciplina y hacer las cosas bien. Y el más importante: ser buena gente. Los mismos que me marcaron a mí y en los que creo.

 

 

 

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