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por: JAVIER MARTÍNEZ

Al igual que los tres primeros jugadores del mundo se citaron en las semifinales del Masters Series de Montecarlo y volvieron a hacerlo en Hamburgo. La temporada de tierra batida alcanza desde el domingo su punto culminante en Roland Garros. El pasado año, Federer, Nadal y Djokovic también se hicieron con un lugar en la penúltima ronda, como sucedería tres semanas después en Wimbledon.

Tras un agitado inicio de temporada, los mejores exhiben su rango y es lógico que pensar que puedan reencontrarse de nuevo en el tercer fin de semana del torneo. Nadal llega con tres de los cuatro títulos que ha disputado sobre arcilla. En 2007 perdió la final de Hamburgo ante Federer. En esta ocasión, condicionado por las ampollas en los pies, cayó ante Ferrero en la segunda ronda de Roma.

Al igual que el pasado año, llega con dos victorias frente a Federer. El suizo busca en José Higueras parte de la solución al problema. Sus números son los peores desde 2000, si bien se llevó el torneo de Estoril e hizo final en Montecarlo y Hamburgo. Sigue trabado ante Nadal, en estado de vértigo incluso cuando se gana situaciones muy favorables.

Novak Djokovic emerge como un jugador integral. Campeón en Roma y semifinalista en Montecarlo y Hamburgo, muestra una regularidad impresionante en su peor superficie. No anduvo lejos de derrotar a Nadal en las semifinales del torneo alemán, un dato que alimenta seriamente sus posibilidades en escenarios semejantes. Anda a la caza del número dos y defiende menos puntos que el actual ocupante de esa plaza. Su respuesta en un escenario de máxima exigencia física ofrece, en cualquier caso, algunas reservas.

Un vistazo al cuadro resta valor a hipótesis alternativas. Ferrer, que no llega en su mejor momento; Davydenko, que echa pestes de la tierra, y Nalbandian, doble semifinalista en París, aparecen como débiles 'outsiders' en un lugar que cada vez ofrece menos márgenes para la sorpresa. Nadal busca emular a Bjorn Borg, convirtiéndose en el primer hombre que gana en cuatro ocasiones de manera consecutiva. De él, más que de sus dos poderosos opositores, va a depender en gran medida culminar con éxito el desafío.

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